A cuatro meses del acampe Qom, el gobierno sigue sin dar respuesta

El pasado 9 de abril se cumplieron cuatro meses del acampe de la comunidad Qom en la ciudad de Buenos Aires. A pesar de la falta de respuesta oficial, los pueblos originarios siguen en lucha y exigen ser recibidos por la Presidente de la nación. El 31 de marzo, liderados por Félix Díaz, marcharon a la Casa Rosada para entregar el cuarto pedido de audiencia. Hasta el día de hoy, no han recibido respuesta.

El último contacto que tuvieron desde Presidencia fue un llamado a Díaz, el mismo 31 de marzo por la mañana. En esta comunicación se le informó que había una carta para entregarle a la comunidad Qom, pero que no sabían a qué dirección enviarla. La burocracia del Estado alcanzó así nuevos límites. Aparentemente, la Presidente de la Nación no se ha enterado todavía dónde acampan los Qom. Es que sólo han pasado cuatro meses de marchas, huelgas de hambre, festivales, conferencias de prensa y otras actividades.

El panorama en el acampe es desolador. Los tobas han instalado carpas y cuentan con servicios sanitarios mínimos. Hay hombres que venden artesanías, mujeres lavando ropa y algunos niños que corretean y juegan, tratando de evitar la mirada extrañada de los transeúntes y turistas.

Las paradojas siempre son interesantes para describir una situación. Los Qom se ubicaron en 9 de julio y Avenida de Mayo, justo debajo del monumento a Don Quijote de la Mancha. Una pancarta improvisada está clavada en el pasto: “Plaza de los pueblos originarios en lucha”. Los Qom se apropiaron del lugar y lo resignificaron. Desafían a la cultura europea que concretó el genocidio aborigen. No sólo la desafían ocupando su lugar, sino que en la espada del ingenioso hidalgo le colgaron una Wiphala, la bandera de los pueblos originarios. Ahora, el señor de la Mancha es uno de ellos y enarbola sus símbolos y luchas.

Sin embargo, esta politización del arte urbano corre el riesgo de comparar la lucha aborigen con una quijotada. El Quijote se enfrentó a molinos de viento y perdió. Su lucha fue desestimada y burlada. Pero los Qom no quieren que suceda esto con sus reclamos. Los molinos modernos de la burocracia y doble discurso son obstáculos difíciles de derribar. Por esta razón, los luchadores originarios piden que alguien los acompañe. Piden ser escuchados. Piden respeto.

Ya pasaron cuatro meses de acampe y lucha. Los gobiernos nacional y provincial de Formosa, siguen sin dar respuestas. Mientras tanto, los Qom siguen en soledad su lucha en un ambiente urbano hostil. Sus carpas se están desarmando lentamente y se están cansando de esperar. Pero sus voces siguen resonando con fuerza en busca de algún oído sensible.

Julián Lucero 1

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