La apología de la libertad se mira por TV

Entrar a escuchar a Vargas Llosa se convirtió en una misión imposible que un tumulto de concurrentes trató de concretar. Sin embargo, la atribución de imposible reveló el desenlace: la exclusión de la mayor parte del auditorio que no tenía el beneficio de ser “del ambiente”. El salón Jorge Luis Borges cuenta con una capacidad de hasta 800 invitados. Previo a la charla ya se habían entregado cerca de 600 invitaciones a editores/as, personalidades de renombre y gente vinculada al medio. Por ello, para los visitantes espontáneos, muchos de los cuales eran admiradores del escritor, quedaron únicamente 200 lugares.

A pesar de que la charla comenzaba a las 18 horas, desde las 14, momento de apertura de la feria, un grupo de gente comenzó a hacer fila para poder ocupar esos lugares tan codiciados. Ya más cerca del horario de inicio de la conferencia, la gente caminaba entre los pabellones y preguntaba en cada muchedumbre si sabía algo de la conferencia de Vargas Llosa. Para todos era la misma respuesta desalentadora: no hay más lugar.
En la sala Julio Cortazar, en el pabellón ocre, se instaló una pantalla grande para transmitir la charla. La gente comenzó a acercarse desde las 16 a esperar a que las actividades previas del salón finalizaran y así lograr ingresar para ver la proyección del escritor. Sin embargo eran las 18:10 y aún se movía nadie.

Comenzó a correr el rumor a lo largo y ancho de la hilera de personas, de que adentro estaba “atrincherada la Campora”. Gestos de repudio individuales terminaron en un aplauso colectivo para que los dejaran ingresar. Al salir los “ocupantes” de la sala se confirmó que eran espectadores de las charlas anteriores que no querían dejar el auditorio. Cortazar tampoco fue suficiente, muchos quedaron afuera y tuvieron que dirigirse a la intemperie. En una de las paredes de la fachada del Borges se hallaba la segunda pantalla, donde una vasta acumulación de personas estaba abocada a la contemplación.

 La única bandera partidaria que se vió fue la del partido libertario, con carteles que tenían inscripto el lema recalcado por el escritor: “libertad de expresión”. Al interrogar a aquellos que aguardaban el ansiado discurso, había admiradores del escritor que no concordaban con su ideología. Otros, que no habían leído mucho pero que apoyaban la “libertad de expresión”. Unos tantos que admiraban al peruano en su conjunto y algunos ávidos de ver algún escrache, que no ocurrió.

Emiliana García 5

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Una respuesta a La apología de la libertad se mira por TV

  1. susana dijo:

    Me sorprende que hablen de falta de libertad de expresion cuando creo que desde hace mucho tiempo no habia la posibiidad de expresarse como ahora. Todos decimos lo que se nos da la gana, pero, sobre todo, dicen de todo, los que se quejan de la falta de libertad de expresiòn.

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