Bariloche: nuevo paisaje tras las cenizas

La televisión inundó la pantalla con el fenómeno de las cenizas volcánicas, y las redes sociales lo hicieron con fotos y videos caseros. Sin embargo, la tecnología de la imagen aún no puede suplantar el vivo y en directo del ojo humano.

Empezamos el viaje y pasamos por Confluencia. A 80 kilómetros al norte del recorrido hay una ciudad sepultada y cuasi abandonada a causa de la ceniza. El Río Limay despliega su belleza, no solo en su correntada, sino porque su color profundamente azul ha cambiado a verde oscuro y sus márgenes están cubiertos de una arenilla gris alternada con largos pastos verdes. A medida que vamos avanzando el caudal es cada vez menor y el río se torna marrón claro por la mezcla con los sedimentos volcánicos. Entramos a la terminal sin demoras. No es común. En época de turismo las dársenas colapsan.

En la voz populi del pueblo barilochense, hay tres subdivisiones que “parten” a la ciudad: El Alto, El Centro y Los Kilómetros. En El Alto es donde se ubican las familias de recursos más bajos. Se llama de esta forma porque queda, tomando como referencia el centro, a veinte cuadras con pendiente ascendente. El centro comercial de Bariloche está despejado de cenizas. Sólo algunos montículos acumulados en las esquinas dejan el rastro de lo que había desparramado por el suelo previo al 20 de junio, cuando los pobladores decidieron limpiar las calles de la ciudad.

Uno de los riesgos de la arena volcánica es que su peso es mucho mayor que el de la nieve y las viviendas no están preparadas para ello. Su acumulación en los techos puede producir derrumbes, y acarrea un peligro mayor en las casas precarias. Sacar la ceniza de un techo de aproximadamente 100 metros cuadrados, cuesta 800 pesos.

En el camino a Los Kilómetros, el lago revuelto, la “arena” en la costa y los parques de las casas tapados de cenizas me hacen confundir con los paisajes marplatenses. El auto en el que nos trasladamos lo maneja Manuel, que va sereno, salvo cuando los otros conductores van por el medio de la ruta donde está acumulada la ceniza y la levantan.

El lago Nahuel Huapi tiene todas sus costas delineadas por un contorno grisáceo. Manuel me dice que si la ceniza “no jode mucho” vamos a hacer una caminata; él comenta que le molestan los ojos, mientras yo me quejo de mis oídos.

Al llegar expongo mi extrañeza frente a lo retirado que parecía estar el lago. Sin embargo al  aproximarme, lo que pensé que era playa, se mueve. Unos chicos parados en la orilla arrojan piedras en esa especie de arena movediza. Es ceniza compacta, con consistencia de piedra pómez, la que está suspendida allí.

El paisaje no aparece, y  me siento en una película de Londres un día de mucha neblina. Pero no es niebla. Estamos dentro de una nube de ceniza.

Producción y edición de video: Emiliana García

Audio: Testimonio Bariloche bajo cenizas

Producción y edición: Emiliana García

Galería de fotos:

Cortesía de Enrico Lámperti

Emiliana García 5 – L.K. 5

Subnotas:

Las cenizas en la línea sur: Menos recursos, más necesidades

Extreman la prevención del hantavirus

“El hantavirus puede causar la muerte”

Las cenizas también afectan a los insectos

Solidaridad de película

Turismo afectado a causa de las cenizas

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