El lado B: los personajes del tango under

Están ahí, pero a simple vista no se ven. Son solitarios, esquivos y misteriosos. Sonámbulos de la noche. Casi escondidos entre la gente, buscan refugio al calor de un tango. Las calles de Buenos Aires tienen ese “que se yo”… uno va caminando, casi a la deriva, y con un poco de suerte los puede encontrar…


Mientras todavía resuenan los últimos acordes de bandoneón en el Luna Park y los finalistas del Festival Internacional de Tango lustran el piso del escenario frente a la mirada atónita de miles de espectadores, hay otros tantos personajes que, lejos de las luces del estadio, logran su propio brillo.
Lejos de los tacos y los zapatos de salón lustrados de los bailarines profesionales del festival, Alexander, un joven alemán que se ubica en primera fila para tomar clases de tango por 20 pesos, anuda los cordones de sus zapatillas deportivas. Estudiante y aficionado, Alexander llegó a La Catedral  como tantos otros extranjeros, quienes atraídos por las melodías y la mística tanguera, se animan cada noche al ritmo del 2 x 4. Una vez en la pista de baile, el contraste es interesante: las letras porteñas y arrabaleras se mezclan con el crisol de idiomas que se colaba entre vaivenes de caderas y firuletes.
El paso obligado, antes de dejar la pista de baile de La Catedral, es dirigirse al guardarropas para que los bailarines más expertos vuelvan a la normalidad con su vestimenta cotidiana y para que el resto recupere sus pertenencias. La encargada de devolverle la normalidad a los bailarines es Verónica Raya es escultora plástica y fundadora de la comunidad hippie de El Bolsón. Escondida detrás del mostrador, se permite mostrarle a los visitantes algunas de sus obras, las cuales exhibe en su pequeña esquina entre los abrigos, zapatos y carteras. Sus creaciones, nacen del rebusque, que casi con carácter tanguero, reciclan elementos callejeros y cotidianos para volverlos objetos artísticos de un valor inigualable.
A unas cuadras de distancia, casi como interrumpiendo la voz de Gardel que suena de fondo, la puerta del Bar Sanata se abre con un sonido rotundo. Dos hombres de traje oscuro entran y, frente a la mirada atónita de todos, se dirigen a la barra. Una vez allí, el más joven de ellos, esboza una sonrisa que se vislumbra a la luz de un pequeño velador. Antes de subir al escenario, entre cafés negros y whisky, el “Nene del tango” (como se hace llamar) saluda a algunos amigos y muestra su disco recién grabado, mientras algunas parejas siguen bailando tango entre las mesas. Nahuel Fusco, una vez sobre el escenario, junto a Lito Córdoba sorprende a los comensales con un fuerte vozarrón.
Imperceptibles, estos personajes casi anónimos de la noche porteña, mantienen viva la esencia del tango, que no necesita exhibirse en grandes escenarios, sino que vive del boca en boca y entre las calles del barrio.

Virginia Soto – S.H.5

Entrevista con guardarropas de La Catedral

Entrevista con extranjero en clase de tango

Producción de audios: Virginia Soto Y Belén Pompozzi
Edición de audios: Alexis Zanlongo

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