Fileteado porteño

Tango y filete definen cierta identidad porteña, comparten un alma. El tango es su música, el filete su trazo. Las dos artes parecen fusionarse, como si los sensuales movimientos del baile y  las líneas esbozadas por el ir y venir de los cuerpos dieran vida a cada curva del pincel del artista.

La relación no es casual, ambos parten de una misma necesidad: crear formas de expresión de una ciudad. Una ciudad surgida del mestizaje cultural en el que se vieron inmersos nativos e inmigrantes, a principios de siglo XX.  Una ciudad, que en esos días albergaba a miles de hombres y mujeres con el anhelo de plasmar en el arte sus alegrías, tristezas y melancolías.

El fileteado comparte con el tango su raíz popular. Así como para el tango, el arrabal es la musa inspiradora, el lugar de pertenencia que no se debe abandonar, traicionar, ni olvidar; el fileteado es fiel a sus temas originarios. Flores, volutas, hojas de acanto y cintas argentinas; motivos clásicos que con líneas curvas de diferentes grosores se van fusionando con temas religiosos y paganos. Representan escenas con personajes dispares pero siempre populares, como la Virgen María o Carlos Gardel.

Sus formas evocan los rasgos del barroco italiano, del gótico francés o los colores sicilianos en Buenos Aires se plasmaron en carros, camiones y más tarde en colectivos. Por sus orígenes alejados del prestigio fue desechado, olvidado y denigrado. El tango, por su parte, a pesar de haber sido visto como inmoral, ha tenido mejor suerte en su difusión. Probablemente porque el tango es placer de la noche y también porque fue aplaudido en el mundo entero.

Hoy el fileteado porteño y el tango parecen compartir el mismo destino. Se ven vaciados, alejados de lo popular. En el mejor de los casos, estas expresiones artísticas son cargadas de prestigio y reconocimiento académico. Mientras que otras veces solo se diluyen en su aspecto comercial. El tango se vuelve un ítem del recorrido turístico y el fileteado forma parte de cualquier souvenir banal.

Sin embargo, no hace falta quedarse con ese sabor a melancolía propia del “dos por cuatro”. El arte porteño sigue vivo. El filete lleva guardado el legado de aquellos hombres y sus culturas. Tango y fileteado nos recuerdan de dónde venimos y cuál es nuestra identidad. Ambos siguen vivos como lo que son, una expresión.  El mismo poeta porteño, Ricardo Ostuni, escribió: “El tango es tan antiguo como el hombre, nació con el primer dolor del alma”.

Cecilia Algaramo – S.H.5

Fileteado porteño

Producción de fotos: Cecilia Algaramo
Edición de fotos: Alexis Zanlongo

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