La música después de la muerte: Nada es más dócil que un músico muerto

Lo carente de vida se convierte en lo cognoscible por excelencia, en el fundamento explicativo de todo”. Así planteaba el filósofo alemán Hans Jonas que el problema de la finitud es el choque de ese hecho con la convicción y la fe en que hay otra vida después de la muerte. Esto implica una forma de negarla. En el mundo de la música, al fallecimiento del artista le sigue un renacimiento en la vida comercial, aquella del mito y las reediciones de sus obras.

En ese sentido, el periodista y musicalizador Eduardo Fabregat explicaba en un artículo que “la industria musical vive una era de remasterizaciones y rescates que incluye más de un lanzamiento discutible, por ultilizar un término elegante”. Este fenómeno de la continuidad tras la defunción del músico da lugar a titulares como aquel que en julio de 2010 afirmaban que Elvis Presley iba a sacar un nuevo disco en noviembre, luego de 33 años de su final. Incluso están quienes actualmente fantasean y sostienen que el ídolo aun vive bajo otro nombre.

El profesor de la UBA Daniel Salerno, especialista en música y culturas populares, distingue el fenómeno entre lo que le ocurre a los consumidores y aquello que se hace desde las productoras. Así explica que lo que genera el furor en la sociedad es la empatía o la identificación entre el fanático y el artista que se pierde. Continúa profundizando: “Los productos que genera la industria interpelan desde lo afectivo, La muerte del artista famoso es la despedida de alguien, no cercano, pero sí querido”.

Desde la lógica de las disquerías y los medios de comunicación, el profesor asegura que “es mas rentable un Amy Winehouse muerta que una viva a la que hay que mandar a rehabilitación o cancelar el concierto, o un Michael Jackson muerto que uno vivo que tiene juicios de pedofilia, que es histérico, etcétera”. Salerno sostiene que “al capitalismo que lo tiene que explotar (al artista) le ahorra todo eso” y, en consecuencia, lo vuelve dócil, reemplazable. “Nada más dócil que un músico muerto” concluye.

En la misma línea, el Productor del Estudio del Abasto al Pasto, Álvaro Villagra, asegura que “si un cantante es famoso y muere, la gente suele apenarse”, e inmediatamente busca escuchar todo material musical que esté al alcance con el objetivo de estar cerca de su ídolo “al que tenía un poco olvidado”. En estos casos, Villagra afirma que “las discográficas se aprovechan, arman una gran publicidad y editan cualquier obra, incluso aquellas que quizás jamás hubieran sacado si el artista estaba vivo”.

No obstante, las productoras de artistas no siempre esperan a la posteridad. Un ejemplo de ello fue lo acontecido con Sandro, el “Gitano”, cuya partida fue en enero de 2010. Sólo bastó que el estado de su salud se vuelva delicado para que la discográfica ofreciera al mercado, el 6 de octubre de 2009, una reedición de toda la obra del cantante editada por CBS. Un caso especial es el de Gustavo Cerati, ya que a más de un año de estar en coma, aún no se han realizado producciones de homenaje.

También están aquellos músicos olvidados, marginados por los medios de comunicación y las jerarquías engendradas por la ardua competencia comercial. Ellos corren la suerte de ser renovados en un corto lapso a posteriori de su deceso. El cantante Ignacio Copani destaca en una entrevista con ACVNews (ver aparte) el ejemplo de Mercedes Sosa, que falleció en octubre de 2009: “Los medios hablaban de lo talentosa que era, de su trayectoria, pero después no le pasan un tema ni en el informe meteorológico”. Según el cantautor, “son los medios los que encienden la chispa moviendo el morbo del impacto rápido de la muerte”.

Mitos, reconocimientos, amor, morbo, sociedad mediatizada. Son varias las razones que se debaten para tratar de entender lo que ocurre al morir un artista, algunas incluso contrapuestas. No obstante, todas confluyen, en el mundo de la música, en aceptar que existe un fenómeno social contemporáneo, construido desde los fanáticos, las audiencias, las productoras y los medios, que logra engendrar una vida después de la muerte, un escenario en donde los artistas nunca perecen.

L.A. 6 F.M.G.6

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