Paradores donde nadie quiere parar

El Jefe de Gobierno Mauricio Macri intentará aprobar a través de la Legislatura porteña una ley que habilite a la Policía Metropolitana a trasladar por la fuerza a las personas en situación de calle para que pasen la noche en los paradores públicos.

Lo que ocurre es que las personas “sin techo” suelen elegir dormir a cielo abierto antes que refugiarse en estos paradores. Mientras el gobierno porteño asegura que los paradores brindan pernocte, comida y atención, las condiciones sanitarias de estos lugares son proclives al contagio de enfermedades y a la expansión de piojos.

Mucha gente tiene piojos o sarna, y cuando se lavan las ropas no hacen separación (Laura García Tuñón – Legisladora C.A.B.A. – Buenos Aires para Todos)

El “Pampa” y Ricardo duermen en las calles porteñas y le contaron a ACV Ñús sus historias de vida, cómo llegaron a esta situación y cómo es la atención en los paradores nocturnos.

EL “PAMPA” (45 AÑOS)

“Quiero irme de la calle, pero paradores no. Ya tuve millones de piojos”

El "Pampa" con dos compañeros de calle, en la esquina de Av. Rivadavia y Campichuelo. Foto: Fernando Torrado

El “Pampa” es un hombre de 45 años que de joven tuvo una gran pasión: el fútbol. Si bien cuenta que su padre era “duro como una tabla” para los deportes, fue su tío el que desde muy chico le enseñó a jugar a la pelota y lo estimuló para que practique. Así llegó a la primera del Ferro de la Liga Pampeana, pero se retiró demasiado pronto, cuando a los 26 años tuvo una lesión en el pie que lo llevó a ceder a la presión de su madre: ella le pedía que deje el fútbol “porque me rompían todo”, y el “Pampa” tomó la decisión de colgar los botines.

Al no tener trabajo, decidió probar suerte en Buenos Aires. Acá trató de empezar una nueva vida y formó una familia, pero –no aclara por qué motivo- cayó preso y su situación desbarrancó. No solo por haber estado tras las rejas, sino porque cuando salió le fue infiel a su esposa. O como dice él, “me mandé la macana”. Eso no soló le hizo perder la relación, sino que sin trabajo y sin lugar donde vivir quedó en la calle. Su nuevo hogar pasó a ser una esquina frente al parque Rivadavia, donde el “Pampa” trata de dormir junto a dos compañeros y un carrito con baldes y unas prendas de ropa.

Intentó escapar de ese destino ganándose la vida como pintor, pero no consiguió muchas oportunidades. Recuerda que una vez un militar del barrio de Caballito lo llevó a que le pinte su departamento. Pero la falta de trabajo lo llevó a hacer changas cuidando coches en la calle Doblas, o limpiando vidrios en los semáforos. Justamente, cuenta que hace poco un grupo de policías lo quiso sacar por la fuerza del lugar, y ante su negativa, lo golpearon y le provocaron lesiones en uno de sus brazos.

A pesar de los paradores públicos que ofrece la ciudad, elige dormir a cielo abierto todas las noches, porque para descansar en un parador hay que hacer una cola de cuatro horas y, además, las pésimas condiciones sanitarias conllevan a agarrarse piojos y enfermedades. Por eso aclara: “Quiero irme de la calle, pero paradores no. Ya tuve millones de piojos”.

RICARDO (56 AÑOS)

“Si vas a los paradores, salís rascándote a dos manos”

Ricardo y su colchón en Av. Rivadavia y Yatay (Almagro). Foto: Berenice Taboada

Hace más de seis años que Ricardo está en la calle. Antes era mecánico en la línea de colectivos 60, pero dejó su trabajo por una oferta laboral inminente que finalmente no se dio. Sin trabajo y sin dinero, decidió venirse de Tigre hacia la ciudad de Buenos Aires. Pero lejos de lo deseado, su destino terminó siendo una esquina en el barrio de Almagro. Con un bolso de una marca deportiva como almohada, admite: “Esto me lo busqué yo”.

Al igual que el “Pampa” prefiere dormir en la calle antes que ir a los paradores públicos porque éstos mezclan a personas en buenas condiciones de sanidad con personas con piojos, pulgas y sarna. Incluso, comparten la misma mesa sanos con personas con tuberculosis. Por este motivo, es de lo más común entrar en óptimas condiciones y salir contagiado. “No tengo piojos, pulgas, sarna… si vas ahí, salís rascándote a dos manos”.

Ricardo cuenta que es asmático e hipertenso, y que por eso necesita medicarse. Pero asegura que el gobierno porteño falla en la entrega de medicamentos y por eso trata de conseguirlos mediante redes de ayuda como Cáritas o merenderos. Igualmente, el mayor problema de salud que tiene actualmente es la lesión en una pierna, fruto de un accidente: hace un mes, después de tomarse unos vinos, fue atropellado por un auto en Sarmiento y Salguero.

Ese día fue trasladado en ambulancia al hospital Durand. Ahí lo dejaron tirado en una camilla hasta el día siguiente, cuando le ofrecieron un calmante, un desayuno y darle el alta.

Ricardo se sorprendió: casi no podía moverse y ya lo estaban largando. “Disculpe, doctor, no puedo ni pisar”, le dijo al médico. Antes, había escuchado una discusión entre éste y una mujer –que supone que era otra doctora o una enfermera-, en la que ella quería conseguirle una cama para que quede internado, pero cuenta que la mujer le confesó: “Me dijeron que para mugrientos no hay cama”.

F.T. – B.T. – 4

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