El violento oficio de construir

Protección auditiva, calzado de seguridad, antiparras, casco, guantes. La larga lista de elementos obligatorios para los obreros de la construcción no es suficiente para disminuir el riesgo de la profesión.

El índice de mortalidad del rubro es el más alto desde 1996 hasta la fecha, e incluso supera a otras actividades peligrosas como la minería. Las últimas estadísticas disponibles, elaboradas por la Superintendencia de Riesgos de Trabajo (SRT) y realizadas en 2009, indican que cada un millón de obreros, 228 mueren anualmente en Argentina.

Alrededor de 411 mil trabajadores de la construcción están cubiertos por una Aseguradora de Riesgos de Trabajo (ART). Sin embargo, la cantidad de obreros en negro duplica la cifra según afirman diversos especialistas. “Es difícil de controlar porque el rubro se ha expandido mucho en los últimos años”, asegura un alto funcionario del Ministerio de Trabajo que prefiere no revelar su nombre. Los trabajadores no sólo no cuentan con alguien que los proteja, sino que además están expuestos a perder su fuente de ingreso si denuncian esta situación.

La falta de inversión por parte de los empleadores es un problema que aumenta los riesgos y disminuye los cuidados. Las pequeñas y medianas empresas no suelen destinar suficiente presupuesto para la higiene y seguridad de sus trabajadores. “No sabía que el rubro es el más riesgoso”, admite Ronaldo, que empezó a trabajar en la construcción hace tres años. En la actualidad trabaja en una obra donde las montañas de arena descansan cerca de los alambres sueltos y los cables están a la vista.

Pero a la hora de buscar causas y factores de este fenómeno, obreros y ART lanzan acusaciones cruzadas. “En las construcciones no cumplen con lo básico en cuanto a higiene y seguridad. Sólo les importa cuando cae una inspección”, critica Fabián Eriziri, de la ART NCA. Emilio Restrepo, obrero desde hace 12 años, sostiene que “los empleadores buscan abaratar costos y poco se fijan en la salud del trabajador”. El mayor problema es que muchas veces ni patrones ni obreros tienen en cuenta la magnitud de los riesgos a los que están expuestos día a día.

“La clave está en usar equipos adecuados y en tener un grupo de trabajo que se ayude mutuamente”, asegura Gerardo Rodríguez, dueño de la empresa Elastech, que realiza trabajos de altura con silletas en pintura. Su trabajo es de los más riesgosos. “Cuesta conseguir mano de obra para esto, a pesar de que es uno de los trabajos mejor remunerados por el riesgo”, confiesa.

Hemorragias, roturas de huesos por golpes, descargas eléctricas, quemaduras y en ocasiones invalides. Los trabajadores del rubro se exponen diariamente a todo esto por el sólo hecho de ir a su lugar laboral. Y, en promedio, un obrero de la construcción que tiene un accidente está 25 días sin poder continuar con sus actividades. Por eso, cuando de profesiones riesgosas se trata, el violento de construir aparece a la cabeza.

Iair Feierstein/C.V./ 4

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