La bùsqueda de un cambio cultural en la ciudad

fuente: ACVnews

La búsqueda de armonía y la revalorización de las relaciones “personalizadas” parecen una tendencia en ascenso en las sociedades urbanas actuales. Este cambio de hábitos y consumos culturales se materializa en técnicas y programas que están en expansión. El “Método DeRose” es un ejemplo privilegiado para ilustrar éste significativo movimiento en alza.El conjunto de técnicas que componen el método DeRose comprende la reeducación respiratoria, la administración del estrés y las “buenas maneras”. “La meta final es el autoconocimiento”, explica Lucía Gagliardini mientras ofrece una sonrisa distendida y hospitalaria en la sala de la escuela que dirige.

El método DeRose lleva el nombre de su fundador, y comenzó a conocerse como tal en Francia, y se expandió luego por Inglaterra, Portugal, Italia, España y los Estados Unidos. Gagliardi explica que ese nombre es, por ahora, como una marca registrada, pero que se espera que en los próximos años el conocimiento de esa “cultura” trascienda la referencia personal. En Argentina se enseña en Buenos Aires, Córdoba y Mendoza.

El programa cumplió 50 años en 2010 y gana adeptos desde hace 30 en la Ciudad de Buenos Aires. Segun Lucía Gagliardini, directora de la sede Belgrano de la federación argentina de este metodo, define al programa como “una propuesta de calidad de vida”.

En los últimos 10 años, la cantidad de alumnos inscriptos en las diferentes escuelas de Argentina (8 de las cuales se ubican en distintas zonas de la ciudad de Buenos Aires) creció notablemente. La Federación cuenta actualmente con 1200 alumnos. Las clases se dirigen especialmente a adultos jóvenes, y quienes las demandan tienen, por lo general, entre 20 y 35 años. Los ejercicios que se realizan como parte de la práctica, privilegian el equilibrio antes que la repetición y se emparentan con la idea oriental de actividad física antes que con el concepto europeo, que se centra en el rendimiento exhaustivo y la competencia.

El programa DeRose se autodefine como “una cultura”, y este no es un dato menor cuando se pretende evaluar el impacto social de esta serie de nuevas conductas que surgen fundamentalmente en el seno de grandes ciudades. El aspecto ideológico de las prácticas no se desdeña aquí, si no que se pone de relieve, aunque de una manera tenue y subjetiva. Parece estar lejos aquella conciencia social que implica comprehender al individuo como miembro de una clase (y por ende, con determinadas posibilidades de consumo y de cambio). Podría evidenciarse que en el marco de la post-modernidad los lazos sociales se construyen como interpersonales antes que como nexos de clase.

La “descontracción emocional” y la “concentración mental” son ítems perseguidos por quienes practican DeRose en cursos cuya frecuencia se adapta al ritmo de la vida de las ciudades. La directora de la sede Belgrano explica que el desafío es lograr la armonía sin tener que “huir” hacia lugares más pacíficos.

La pregunta por el futuro próximo de estas actividades queda pendiente. Lo que puede afirmarse por ahora, es que su auge evidencia la busqueda de cambios en las grandes ciudades occidentales.

María Alejandra Martene. Yolanda Leyes.02

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