“Qué sería del futbol sin el hincha”

Sea de primera o segunda división,  sea grande o de barrio,  los clubes de futbol generan en los hinchas sueños, anécdotas, locuras y miles de sensaciones que exceden a los noventa minutos de cada fin de semana. 

Pablo Mattos es jugador de fútbol y fanático del club Chicago desde que visitó por primera vez el estadio de Mataderos. La hinchada y el amor por los colores le produjeron tal identificación con el club que sólo siente alegría cuando ve jugar a Chicago, sin importar el resultado. “La pasión es algo que se siente adentro de uno que es difícil de explicar”, resume sin muchas palabras. Como cualquier otro joven jugador, Pablo sueña con vestir la verdinegra: “Poder retirarme en Chicago seria un sueño, una gran alegría”

“Tengo que contarte la mejor anécdota”, comenta Ruben Guevara, un hincha fanático de la Academia,  que hace un año sufrió un accidente cerebrovascular. Al recuperarse del suceso los médicos se dieron cuenta que Rubén había perdido el conocimiento. Tras una serie de preguntas, confirmaron la secuela: no recordaba ni a su esposa, ni a sus hijas, ni su edad. Claudia, su mujer, aconsejó al médico que le pregunten de qué cuadro de fútbol era simpatizante, y el médico le hizo caso. Convencido, sin tener dudas, respondió: “De Racing, no me rompan, con eso no se jode”.

Gustavo Mendizábal es, como se autodefine, “cuervo a morir” a tal punto que no concibe la vida sin San Lorenzo. “Es mi razón de vivir, es un amor único del que nunca me voy arrepentir, que va más hayas de todo”, asegura convencido, y no duda en confesar que si San Lorenzo jugara en el cielo, “moriría por ir a verlo”. Desde pensar una hora antes de cada partido qué indumentaria ponerse para no romper las cábalas, hasta sentirse culpable de una derrota, son ejemplos de la “locura muy difícil de explicar por San Lorenzo”. Este cuervo comparte la pasión con su mujer, Cynthia Petitto, a quién conoció en el club. Cuerva desde la cuna, Cynthia vive día a día esta pasión  “llevando una cuervita en la panza que pronto va a nacer y va a sentir lo mismo”.

“La pasión es un sentimiento que no sólo dura los 90 minutos del partido, porque después se traslada a la vida cotidiana”, asegura Bruno Saley, hincha de Boca por elección. Toda situación de la vida cotidiana la relaciona con su club, la ansiedad de que lleguen los fines de semana para ver a Boca le “digita la vida”, confiesa, “y esa pasión te lleva a seguir al equipo a todos lados, ver los partidos una y mil veces, calentarte si escuchas opiniones en contra. Todas locuras”, se ríe.

Leonardo Di Salvo eligió vivir su pasión a la distancia. Viviendo en plena Capital Federal, su corazón late en La Plata, junto  Estudiantes. “El Pincha es mi hermano, yo no seguía el fútbol, y con él comencé”, revela. Fue su hermano quien le contagió el amor y el fanatismo por Estudiantes, y para él, no hay mejor manera de definirlo que comparándolo con su hermano. Hasta con vergüenza se anima a confesar que lloró por el Pincha. “Es pasión, es poder sacar todo lo que tenés adentro en un grito, es que salga a la cancha y se te ponga piel de gallina”.

En la escena más recordada del film El hincha, estrenada en 1951,  el personaje interpretado por Enrique Santos Discépolo, les aclara a sus escuchas “que el futbol no sería nada sin el hincha”. Estos relatos, sesenta años más tarde, no hacen más que confirmar este proverbio popular.

M.P.M/A.U

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