Fútbol, un negocio con arcos


El fútbol profesional es reglado a nivel mundial por la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), que tiene su sede central en Zúrich, Suiza, y cuyo presidente es el suizo Joseph Blatter.  En este organismo se toman todas las decisiones que involucran a este deporte, para luego ser impartidas hacia las seis confederaciones que la conforman. Desde hace varios años, la FIFA es el centro de críticas de los más grandes jugadores de toda la historia, tales como el francés Michel Platini, el alemán Franz Beckenbauer y el mismísimo Diego Armando Maradona, quienes vienen reclamando desde hace tiempo que éste organismo esté dirigido por un jugador de fútbol y no por empresarios que no conocen, según ellos,  cuáles son los derechos y necesidades de los jugadores afiliados. El escritor uruguayo Eduardo Galeano, en esta misma línea, sostiene en su libro Fútbol a sol y sombra, que “la FIFA es el FMI del fútbol”, haciendo referencia a que es  “obscenamente rica, extremadamente poderosa y está dirigida como un club hiperexclusivo”.

La FIFA es responsable de la comercialización de cada producto vinculado al fútbol profesional, el patrocinio y los derechos de la televisión. Está en el epicentro de un mercado de 250.000 millones de dólares. En 2009, la FIFA ganó 1.000 millones de dólares.  Y en el 2010, sólo con la Copa del Mundo en Sudáfrica, sus ganancias superaron los 3.800 millones de la misma moneda. Si la FIFA fuese un país, sería la vigesimoquinta economía del mundo.

En Argentina los clubes de fútbol están nucleados en la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), encabezada desde 1979 por Julio Humberto Grondona. Desde hace treinta y dos años, sólo un puñado de los 4.000 clubes de fútbol vota cada cuatro años la reelección indefinida del dirigente.  Estos mismos clubes mantienen con la AFA una deuda millonaria, condición que no les permiten tener autonomía del organismo presidido por Grondona. Según datos oficiales confirmados por  José Luis Meiszner, secretario de AFA, los principales acreedores de los clubes son la AFA misma, la AFIP y los futbolistas, y la deuda de los clubes (salvo excepciones como las de Lanús, Godoy Cruz, Estudiantes de La Plata y Vélez) asciende a un monto de 1.121 millones de pesos.

Por otro lado, Grondona no sólo es fuerte en la sede de la calle Viamonte, sino que es el vicepresidente 1º de la FIFA.

Desde hace un par de años el Estado argentino se ha inmiscuido en el deporte que más dinero genera en nuestro país. Hasta el 2009, la televisación de los partidos se dividía entre dos empresas: Tele Red Imagen S. A. (TRISA) y Televisión Satelital Codificada (TSC). El capital de ambas estaba conformado, en partes iguales, por Torneos y Competencias y el Grupo Clarín, beneficiados, por Julio Grondona, desde 1991 con la exclusividad de los derechos de transmisión de la pelota nacional. Quienes querían ver fútbol, o por lo menos los partidos más destacados de la fecha, debían pagar un abono mensual para poder disfrutar de los contenidos. Pero luego del 2009 el gobierno de Cristina Fernandez impulsó el programa Fútbol para Todos, que destina fondos del presupuesto nacional a pagar los derechos de transmisión de los torneos de la AFA a favor de la Televisión Pública. Según estudios de las consultoras Havas Media y Search, el gobierno aún no puede recaudar los 300 millones de pesos necesarios para cumplir con la palabra de que “el fútbol no le costará un peso al Estado”. Recién se estima que para este año se esté acercando a esa cifra para que los números no le queden en rojo. Sin embargo, para la AFA la situación no es la misma, ya que los ejercicios financieros del 2009 y el 2010 indican que su facturación le dejó 9.883.112 de pesos a favor, el triple del obtenido cuando las adjudicaciones de derechos de transmisión correspondían a la sociedad entra Torneos y Competencias y Clarín.

No sólo el Estado, los clubes y la AFA son protagonistas alrededor de los beneficios que otorga este deporte. También están las barras bravas, bajo una ONG creada por Néstor Kirchner llamada “Hinchadas Unidas Argentinas”,  una iniciativa que unificaba a varias barras de diversos clubes para ir a alentar a la selección nacional durante el último mundial en Sudáfrica. Según Gustavo Grabia, periodista especializado en temas judiciales en cuando a barras bravas se refiere, “esta ONG  rompió  este año relaciones  con su nexo kirchnerista, Marcelo Mallo, y buscaron otro referente dentro de la ideología que profesan: la del dinero”. Los disturbios ocasionados por estos hinchas en el mundial y la mala imagen que le dieron al Estado nacional, hicieron que pasaran a ser una palabra prohibida. Esa nueva unión de la que habla Grabia, se llevó a cabo “en una reunión en el microcentro entre un operador de primera línea de Francisco De Narváez y la cúpula de HUA donde se pactó movilización barra en los actos políticos en el Gran Buenos Aires a cambio de financiamiento para la Copa América”. Dinero, contactos, respaldo y poder, es lo único que les interesa a estos mercenarios de la pasión, que se olvidan de las diferencias y los colores de los que simpatizan para  responder tan solo a la plata dulce.

Grabia afirma que “el negocio básico de los barras tiene que ver con la reventa de las entradas, el merchandising trucho alrededor de la cancha. Manejan mucha guita. Todo lo que es el estacionamiento medido en la calle es de ellos y, además, tienen plata que colectan de los jugadores. En Boca no se da un porcentaje de pases, pero sí se dio que han ido a presionar para que se negociara un mejor pase con un aumento de un 30%, y el jugador después le paga a ellos (casi como si fueran un representante) un 10 o un 15%. Después, todos los representantes de los jugadores importantes les pagan una mensualidad a los barras para que griten por su jugador o, si está jugando muy mal, no lo insulten, porque sabe que en una cancha los barras comienzan una canción y después los siguen en el resto del estadio.”

Estas son algunas de las tantas cosas que se esconden detrás de este hermoso deporte como lo es el fútbol. Deporte para muchos, pero negocio para pocos. El fútbol  parece ser, como dice Enzo Fracescoli, ídolo uruguayo y del Club Atlético River Plate, “un negocio con arcos”.

L.O/A.U 06

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