Los 20 años de La Colifata: la importancia de tener algo para decir

La Asociación Civil La Colifata, Salud Mental y Comunicación, más conocida como LT 22, la radio de los internos y externos del hospital Borda de Buenos Aires, cumplió 20 años. Se trata del primer medio que se propone transmitir desde un neuropsiquiátrico para disminuir el estigma en personas que fueron diagnosticadas de algún padecer psíquico y lograr una sociedad más tolerante e inclusiva.

“¿De qué lado estás?”, me preguntó Carlos, un externo del  psiquiátrico de 27 años conocido como Jagger, cuando me acerqué a la casilla multicolor donde se transmite La Colifata. “Con ustedes”, le respondí para que se quedara tranquilo. Eran las 13.30 del sábado 1 de octubre, temprano, porque el programa se emite desde las 15.30. Me quedé hablando con él y otro chico, Matías. Entonces, me enteré de que estaban ideando un proyecto para tomar un predio de la sede Bulnes de la Facultad de Psicología de la UBA. Luego, vino Fernando Quirno, otro de los “Colifatos”, que me invitó a asistir al taller de periodismo del Frente de Artistas del Borda a unos metros.

La profesora, Gisela Elescano, me recibió afectuosamente e informó sobre el tema de la clase: el ensayo. Como ejemplo, utilizó un texto de Beatriz Sarlo: “Las dos naciones”, que narra el extrañamiento entre dos sectores de una misma sociedad, como el caso de quienes viven en barrios cerrados y los que habitan las villas. El texto era un disparador para que cada uno escribiera a partir de palabras como libertad, derechos, sueños, televisión, prisión, manicomio, escuela que aparecían en papelitos distribuidos sobre la mesa. Todos hicimos silencio para concentrarnos, mientras el mate, caliente gracias a la electricidad -porque siguen sin gas- pasaba de mano en mano.

El primero en leer su producción fue Pablo Eduardo Morales, un interno de aproximadamente 60 años, que terminó cantando la canción “Resistiré” y fue festejado. Luego, le tocó el turno a Cristian Javier Ruggieri, otro paciente de 27 años y egresado de la carrera de periodismo de la Universidad de Madres de Plaza de Mayo, que se refirió a la desigualdad de derechos entre oprimidos y opresores. Por último, yo discurrí sobre la felicidad cotidiana y Gisela argumentó que la televisión constituye una herramienta para evadirse de la realidad. Finalizada la ronda, todos nos levantamos para ir a La Colifata.

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Frente a la casilla ya se encontraba el director de la radio, el psicólogo Alfredo Olivera y una colaboradora con todo el equipo de transmisión y una computadora donde chequeaba los mensajes que dejaban los oyentes. Al lado, tres externos oficiaban de locutores: Fernando Quirno, la “abuela” María Markinstían y Silvina La moneda. El escenario lo completaba el público presente, integrado por estudiantes de periodismo, familiares, psiquiatras, curiosos e internos a cargo de las distintas columnas del programa como “El momento romántico”, “Humor del bosque” o “Filoparlando”.

El comienzo de la emisión estuvo cargado de anuncios como el festejo de los 20 años de La Colifata en el Monumento a la Bandera de Rosario, el sábado 8 de octubre, o un taller de pintura que se iba a dictar el martes 3 en el pabellón del servicio 25 del establecimiento. También, Olivera informaba que había ropa, alimentos y productos de higiene personal para repartir. Lo más gracioso eran los chivos que inventaba Quirno para referirse a los guardias del hospital apostados en el lugar: “Tech, tu seguridad privada”, o a la paciente a cargo del buffet: “Microemprendimiento Plumita”.

Sin embargo, lo más interesante fue el debate acerca del miedo, que se generó a partir del comentario de una nena de siete años llamada Valentina, que se encontraba en el público. Cuando le dieron el micrófono, afirmó: “Es la segunda vez que vengo. El primer día tuve miedo, pero ya no”. Curioso, Olivera le preguntó qué era lo que le había generado temor. “Lo viejo del lugar”, respondió. Esto provocó distintas interpretaciones como la de Markinstían que dijo que el problema eran los muros, o la del interno Carlos Quintero quien dijo que el pánico es a estar solo, pero que siempre está Dios.

Al respecto, Jagger sentenció: “El miedo es por el despojo que hay acá adentro, pero al que habría que temer es a aquél que se llena de plata con la medicina. Acá todos te saludan, te dicen te quiero, te dan un beso”. Por último, Plumita opinó que el temor era a la institución que está rota y desarreglada, y agradeció las donaciones porque antes la gente andaba con despojos. No obstante, me quedo con su última reflexión: “La gente cree que detrás de los muros está la locura como si del otro lado no existiera”.

María Julieta Rumi 2

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