El testamento vital de Melina González

Melina Gonzalez reclamó hasta su muerte el derecho por una muerte digna. Fuente: Página 12.

El caso de la joven de 19 años que murió en marzo pasado en el Hospital Garrahan, luego de varias semanas de solicitarle a los médicos que la sedaran para no sufrir más, continúa firme y se une a la lucha de Camila Sánchez.

Melina fue la primer paciente que reclamó una ley; le había pedido a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner que convoque al Congreso para debatir una norma que le permitiera una muerte digna. “Yo creo que como el mío hay un montón de casos similares. Y estaría bueno que haya una ley que nos ampare a los que estamos enfermos, que nos comprenda”, afirmó. “La ley debería contemplar el sufrimiento de las personas. Vamos a ver si la Presidenta se ocupa. Ella puede pedir que el Congreso se reúna. Podría crearse un tribunal de salud para evaluar estos casos”, declaró Melina en febrero pasado, en una entrevista realizada por Página /12.

“No es digno vivir así, tengo paralizado casi todo el cuerpo y lo poco que siento, me duele. No puedo sostener ni una taza y tengo que estar acostada. Me ahogo, no puedo respirar. No es vida, no quiero seguir así. Y ellos no me entienden, piensan que siempre se puede salir adelante”, objetó la adolescente, luego de que los médicos del Comité de Ética del Garrahan rechazaran su petición, con el argumento de que su cuadro no se encontraba en fase terminal y no estaban amparados para cumplir con su voluntad.

Melina tenía diagnosticado, desde los tres años, neurofibromatosis tipo 1, una enfermedad degenerativa del sistema nervioso, y sufría cifoescoliosis severa, que le causó la deformación de la columna. Fue operada en seis oportunidades. Además, su historia clínica determinó que desde junio de 2008 presentaba restricción respiratoria severa. En 2009 le extirparon un tumor maligno alojado en la  espalda. En aquella oportunidad, la joven dejó por escrito ante un escribano que no quería que la mantuvieran conectada a un respirador artificial. Luego de la intervención, y  del tratamiento de quimio y radioterapia, continuó su vida normal hasta la última internación en el Garrahan que duró un mes. Pesaba  menos de 18 kilos y su calidad de vida se deterioraba día a día.

G.C 2 / Montserrat Cairol

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